martes, 1 de noviembre de 2016

El agujero negro de nuestra habitación



Hay un agujero en nuestro cuarto. Un agujero negro que lo atrapa todo en el cosmos de nuestra habitación. Al principio era imperceptible,  minúsculo, pero podía sentirlo así que lo busqué. Apareció en forma de mota oscura justo detrás del marco de fotos de las vacaciones, ése que estaba en la estantería de pallets, esquinado, junto al pequeño cactus y tus antiguos libros de arte. Con el tiempo ha ido creciendo. No sólo eso, se ha desplazado. Recuerdo el día en que desperté y ahí estaba, con la forma de de una pequeña roca y el color del petróleo más crudo, junto al soporte que sostenía el televisor en la pared. Hace mucho de eso. Más tarde pasó a presidir la habitación, en el techo, justo encima de la cama, ahí donde paso el tiempo tumbado mirando absorto la oscuridad perpetua, el negro opaco del inmenso agujero de nuestra habitación.

Hace un año me despertaron unas gotas. Un lóbrego lodo caía arrítmicamente, provenía de lo más profundo del agujero de nuestra habitación. Me mantuve impávido, no sentí miedo, sólo quería dormir. Pude ver brillar, entre ensoñaciones, como si de la opalescencia fulgurante de una piedra preciosa se tratase, las extintas pupilas de nuestra pequeña. ¿Cómo disociar, cuando ambas confluyen en el recuerdo, la desdicha de la partida y la pasión del amor que os profesaba?

Las cartas siguen llegando a tu nombre y, una vez atorado el buzón, se acumulan en el umbral de la puerta. 

Se cumplen cinco años del accidente. La habitación ya no puede llamarse como tal, sólo es oscuridad donde andar a tientas, ni las caras pastillas del Doctor logran que entren partículas de luz a través de la ventana. He pensado en salir de la habitación pero sería absurdo pues una minúscula mota oscura ha aparecido hoy en mi piel. Puedo sentirla, la he buscado. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Idealizar



Mi habitual piel pálida lucía un camaleónico y efímero tono tostado; me sentí satisfecho al estar bordando el papel de turista. Es medio día, los rayos del Sol caen perpendiculares haciendo que cualquier protección resulte inoperante y el asfixiante calor empuja a adentrarse en esa bañera gigante de agua salada, algas y excrementos encubiertos. Siempre procuro bucear con la boca cerrada. Con las yemas arrugadas  y los oídos taponados esperé en la orilla a que te despojarás de esa niña que se había apoderado de tu cuerpo adulto, que te impedía dejar de jugar con las olas. Te saciaste. Nos alejamos del mar para adentramos en el pajar de arena, y así buscar nuestra aguja con forma de sombrilla. Pensaba que la masificación era propia de Benidorm, no de una cala aparentemente paradisíaca de un pueblo mallorquín; pese a mi desidia la encontramos, más bien la encontraste, nos tumbamos. Las altas temperaturas secaron nuestros cuerpos al instante, quedando una fina capa de sodio blanco como única prueba del baño.

-Sólo sé algo con certeza sobre el verano –Espeté poniendo fin a un largo, y cómodo, silencio-. Es la más terrenal y banal de las idealizaciones del ser humano.

-No es por parecer estúpida, Gregor –Contestaste y, mientras unías nuestras dos toallas, que se habían separado de tal forma que una frontera de arena surgió entre nosotros, terminaste de apuntillar–. ¿Es necesario que te pongas tan trascendental siempre? Eres nostálgico al extremo, hasta tal punto que estás empezando a serlo de estas vacaciones que aún no han terminado. No lo niegues, te conozco– sonreíste tiernamente antes de continuar, no sin cierta sorna–. Aún te quedan dos días de vacaciones, cariño, y no se me ocurre peor forma de desperdiciarlos que caer en tu habitual ensimismamiento.

-Es precisamente lo contrario. Piénsalo, el verano es la idealización errónea y periódica de 2 meses al año, siempre te acabará decepcionando por no alcanzar las expectativas desmesuradas que en él tenías puestas. Todas tus ilusiones son depositadas en un reducto, en un oasis, del calendario; convirtiendo el verano en la necesaria redención a un año de frustraciones y esfuerzos. Con semejante perspectiva, ¡Ni un viaje estival a la Luna te haría sentirte realizado! ¿Cómo sentirse satisfecho, pues, una vez que éste acaba y eres consciente de que no significó ni la milésima parte de lo esperado?

-Ya sé por donde vas…Para colmo, cuando termina, debes readaptarte a lo mundano y empezar a autoengañarte para el siguiente verano.

-Ahora piensas como yo.

-Si no he dicho nada –Elevaste los ojos hasta dejarlos en blanco, pude verlo a través de tus gafas nacaradas, resoplaste–. No sé si reír o llorar ¿Ya estás, otra vez, imaginando que respondo lo que quieres escuchar?

-Soy racional sólo en la medida en que no puedo evitarlo. El amor y, por ende, la persona amada es de las pocas cosas que sí merecen ser idealizadas. Cariño.

viernes, 27 de mayo de 2016

Autoengaño



"Ya sabes que nunca me decantaré  por regalarte piropos a los oídos, no es mi estilo el agasajar, repudio el halago fácil al igual que tú acabarás por repudiarme a mí. Jamás te regalaré flores, ni sabré apaciguar tu enfado mediante comprensión o con una de esas conversaciones que reducen el fuego abrasador a una cálida llama. Seguramente no te merezca,  debido a mi falta de empatía o a mi taciturnidad, a que hace tiempo que no logro admirarte como te mereces; ni a ti ni a nadie. Eres mi enésimo intento de forjar “algo”, la enésima vez que me veo escupido por las olas, que naufrago en la orilla, que intento andar con paso firme en un camino que yo mismo adoquiné. Perdóname por mis regresos, aún más que por mis huidas. Por jugar contigo sabiendo desde un principio cómo esto acabaría, sé que en un primer momento resulto entrañable, que parezco un Señor Humbert moderno que no deja ver a los demás los monstruos que le carcomen. Pero están ahí, créeme. Cada vez más aislado, menos sociable, más ensimismado, paródico y enfermo; ya te habrás dado cuenta.  Siento que no quepas en mi refugio, atestado de cine, libros y complejos, pero sin hueco para ti.

Gregorio."


Se despertó en habitación ajena, la de un hotel perteneciente a una ciudad dormitorio de una gran capital. Era más temprano que de costumbre, bostezó tres veces y, mientras yacía bocarriba, observó el pecaminoso espejo situado en el techo de la habitación; justo encima de la cama donde se encontraba. Podía ver en él a su acompañante, una poco grácil mulata, presa aún del sueño. Desprovisto Gregorio ya del mismo, aunque la resaca perduraba, logró zafarse del entramado casi arácnido que las sábanas formaban alrededor de su pierna. Pudo vestirse y, mientras se liaba tabaco en papel de lenta combustión, dejó  cien euros en la mesita de noche próxima a su desahogo; hacía tiempo que había sido conquistado por la poca involucración que el sexo fácil le aportaba. Mientras abandonaba el hotel, sintiéndose más vacío que nunca, se hurgó en los bolsillos de su arrugado pantalón encontrando la carta que escribió el día anterior, tristemente se había convertido en una tradición con cada relación que había tenido; la animadversión que sentía por los móviles y la cobardía de hacerlo cara a cara descartaban cualquier otro método posible. Debía entregarla.


Era temprano, el amanecer iluminaba su cara de tal forma que la propia oscuridad que sentía parecía imperceptible.  Tras recorrer a pie menos distancia de la que hubiera deseado llegó a la estación de Cantaelgallo, estaba completamente vacía, compró un billete para el primer tren y lo tomó. Le resultaba raro, había cogido ese tren en multitud de ocasiones, pero no recordaba que el túnel que atravesaba a mitad de trayecto fueran tan sumamente extenso; la ausencia de luz en el mismo permitió que el cristal que tenía en frente le devolviese nítidamente su reflejo. Y entonces rió. Rió alto y durante un largo tiempo, por ver la caricatura en que se había convertido, por fallar tanto y a tantos, por auto imponerse que era único, complicado y diferente. Por no saber, ni siquiera, hacia dónde se dirigía el tren.

sábado, 18 de enero de 2014

The broken circle breakdown ( 'Alabama Monroe', Felix Van Groeningen, 2012). "Siempre he sabido que era demasiado maravilloso para ser cierto, que no podía durar, que la vida no es así..."



The Broken Circle Breakdown (Alabama Monroe) es la cuarta película del director belga Felix Van Groeningen y, sin duda, la que le ha otorgado prestigio internacional. Seleccionada para representar a Bélgica en la próxima edición de los Oscar, ganadora en los Premios del Cine Europeo y Festival de Tribecca, entre otros. Después de verla entiendo el por qué de tal revuelo.

La música en la vida de Didier lo era todo hasta que conoció a Elise pero, desde el primer momento en que se conocen y, pese a ser tan diferentes, se entregan por completo el uno al otro. Él es cantante en un grupo de Bluegrass, bohemio y ateo confeso. Ella una mujer muy independiente, tatuada y de arraigadas ideas cristianas. Viven una relación de amor intenso, de sentimientos recíprocos, de miradas y compenetración. La llegada de un embarazo inesperado trastocará sus vidas, enardeciéndolas en un principio para terminar dinamitándolas cuando a su hija le diagnostican cáncer.

Concibo la película como una suerte de ‘Blue Valentine’ (Derek Cianfrance, 2010) europea. Más cruda, intensa y áspera tanto por los derroteros que acaba tomando la relación entre los protagonistas, como por la carga dramática que aporta la enfermedad de la hija. Durante el metraje se nos presentan tres líneas temporales que acaban conformando tres bloques bien diferenciados en la relación de Elise y Didier: 
-El pasado. Cuando ambos se conocen, simboliza la plenitud de la pareja. Desde que se conocen hasta la llegada al mundo de su hija. Las ilusiones, los proyectos en común, la sensación de tenerlo todo.
-El presente. La lucha contra el cáncer de su hija y como afecta a la relación. Los cimientos empiezan a resquebrajarse, lo que era idílico se vuelven confrontaciones en esta pareja que empieza a verse superada por la situación.
-Una tercera parte que, a la postre, será la que más atención suscite en el espectador y que se desarrolla con una fuerza y efectividad elogiable. Me reservo sobre esta última parte para no desvelar más detalles de la trama.

La historia sigue un curso no lineal. Utiliza el recurso del flashback para ir dando saltos en el tiempo; proporcionando escenas del feliz pasado que sirven como bálsamo para las duras situaciones que viven en el presente. Algo que el espectador, sin duda, agradece. Eso sí, el abuso de este recurso transmite la sensación inconexa de algunas escenas y se roza el tedio en la primera hora del film. El interés y el ritmo de la película va creciendo conforme avanza.

Los actores principales Veerle Baetens (en el papel de Elise) y Johan Heldenbergh (como Didier) consiguen lo imposible, que te olvides de que están actuando, viven sus papeles, convenciéndote de que estás viendo a personas reales luchando por su hija enferma. Personas con sus contradicciones, cambios de humor, reacciones tanto lógicas como inesperadas y una capacidad de expresión increíble. Gran fotografía y dirección.

No podemos terminar sin destacar un aspecto esencial en la película: el uso de la música en el film, cantada e interpretada por sus actores. Es el vehículo a través del cual se exterioriza los sentimientos del dúo protagonista, la música country es un personaje más en este melodrama que demuestra que somos presa de los acontecimientos que nos rodean. La estabilidad no depende de nosotros y los bonitos comienzos suelen dar pasos a tristes finales, aún así la esperanza nunca hay que perderla porque la vida nos depara otras alegrías a ritmo de country. Muy recomendable.


Buena

martes, 10 de diciembre de 2013

Euphoria ( 'Eyforiya', Ivan Vyrypayev, 2006). Desde Rusia con amor.





Cielo. El cielo no entiende de razones, no atiende a impulsos, no arremete de rabia. No responde ante nada, ahí permanece, cubriéndolo todo, como si nada dependiera de él. Te sobrecoge y empequeñece. Se muestra de un azul perenne, a veces, manchado por motas blancas, otras, de capas grises y negras. El viento mueve sus nubes, al azar, realizando nuevas formas y a la vez destruyendo otras, a su antojo.
Senderos. Trazan caminos bifurcados, opciones previamente establecidas sobre las que no te preguntaron. Nadie opta por el camino de la maleza, por lo intratable; camino cargado de incertidumbre...el inicial "¿Estaré haciendo lo correcto?" sustituido por la indiferencia a los demás, la Euforia.

Pavel y Vera no saben si es correcto lo que hacen, pero hacen lo que quieren. Tras una relación de miradas Pavel se declara a Vera, la relación entre ellos fluye de manera natural y parecen mimetizarse con el río que comunica sus casas, con las inmensas estepas que los aíslan, con los atardeceres de un lugar único...que sirve de cómplice a esta relación furtiva a espaldas del marido de Vera. El amor como único remo de esta barca abocada a la tragedia, ¿Qué podría hacer, sino el amor, estremecer de esta manera? Su embriaguez no nos permite vislumbrar la tragedia...cómo si en el momento importase. Amor como frenesí, como Euforia.

Vyrypayev, en su ópera prima, nos introduce en una ambientación única, que hipnotiza. Con un posterior montaje preciosista, donde la excelente música (usada con tremenda inteligencia) introduce las escenas, que acaban en varios fundidos negros. Utiliza los giros y movimientos de cámara para impregnarnos más de los paisajes y su simbolismo. En conjunto, con los recursos a su alcance, consigue encandilarnos con una historia dura, pero esperanzadora. Cine ruso de categoría, poesía en movimiento.
                                                  Notable


lunes, 9 de diciembre de 2013

El creyente ('The believer', Henry Bean, 2001). Odio y amo ¿Quién puede decirme por qué?



La verdad es que temía un poco ver esta película por su premisa tan singular, no esperaba tragarme la historia de este atípico judío nazi. Qué sorpresa, pues, cuando tras visualizarla no solo se logra entender al personaje, tanto sus motivaciones, sus dilemas morales, su lucha interior...sino que te hace partícipe de ellas, puedes lograr incluso entender (dentro de unas limitaciones) el por qué de su comportamiento. Algo que me parece casi milagroso debido a lo paradójico de la dos ideologías que se anteponen. Y es que esta película consigue algo que no está de moda ahora mismo, que es difícil encontrar, te hace pensar, quiere que saques tus conclusiones y que su temática te ronde la cabeza en momentos posteriores al visionado. El director se limita a exponer tanto la historia como el tema, no a explicarlo, de ahí que se exija la implicación del espectador y se deje bastante materia a la libre interpretación de éste.

¿Por qué no poner en entredicho la inquebrantable fe ciega? ¿Por qué seguir un dogma aunque sintamos que no nos representa en su totalidad? ¿Por qué adoctrinarse sin discutir, sin afrontar? Es posible que un sujeto no se sienta representado por la idiosincrasia de las personas que siguen su doctrina, que haya aspectos de la misma que le chirríen,… Es de humanos conocer, plantearse dudas y discutir lo que no se cree. Es de corderos seguir el rebaño sin ni siquiera preguntarse a dónde va y de dónde viene, sin saber si verdaderamente quieres seguir en ese camino (como el 90% de los cristianos hoy día, que lo son por costumbre, por tradición familiar. Sin preguntarse si verdaderamente creen algo del dogma al que dicen pertenecer).

El personaje que interpreta Gosling no representa la bipolaridad ni la esquizofrenia. No es un loco. Danny está muy cuerdo, es inteligente. Mantiene una lucha interna entre dos realidades a las que pertenece y son enfrentadas. Es judío, estudia la Torá, conoce el hebreo y respeta sus creencias, lo cual no quiere decir que no discuta aquellos aspectos en los que piensa diferente, pero siente apego a su religión y tradición.
Por eso pienso que el odio tan arraigado en Danny Balint es hacia su pueblo, el pueblo judío que tantas creencias comparte con él y que tan diferentes son. Él se considera fuerte, valiente y con la suficiente decisión de luchar por aquello que son sus principios y sus ideas. No entiende la idiosincrasia del pueblo judío, un pueblo que ha sido vilipendiado, expulsado de su tierra y masacrado, según piensa, sin oponer resistencia a ello. No se oponen, no luchan, no exigen. Danny da por hecho la comodidad de los judíos dentro de ese rol victimista que han aceptado, queda patente cuando afirma que "Si Hitler no hubiese existido los judíos lo habrían inventado". Por eso mantiene en secreto el hecho de ser judío, no quiere que se le relacione con gente de esa condición porque él no se considera así y los odia por ello. Por compartir tantos ideales con personas tan diferentes a él.

La película destila ese carácteristico aire indie tanto técnica como estéticamente. El peso del film se sostiene en un Ryan Gosling que hace una actuación fastuosa (aconsejable para todos aquellos que piensan que es un actor limitado con escasos registros), no podemos decir lo mismo de Summer Phoenix que no logra interpretativamente ser ese contrapunto a Gosling que, pienso, hubiera sido necesario en la película. El resto del reparto está correcto.
Se hace bastante uso de los flashbacks para ahondar en la infancia de Danny y, para dramatizar, algunas ensoñaciones del mismo (como cuando se ve como soldado nazi).
A destacar los grandes diálogos con los que cuenta durante todo el metraje, en especial esos monólogos del protagonista donde nos cuenta sus descabelladas (pero razonadas) teorías.

Una película casi onírica, filosófica. Romperá tus esquemas, para crearte otros esquemas que tú mismo te encargarás de querer romper.
                                              Buena

jueves, 1 de agosto de 2013

How we left Fordlandia.

  




Henry Ford era un inventor, un visionario. Un megalómano de la industria y los negocios, empecinado en alcanzar el éxito en todo lo que ingeniara. En los años 30, Henry Ford, compró 20.000 hectáreas en pleno amazonas donde fundar su propia ciudad y satisfacer la demanda de caucho de la marca  FORD; el terreno era propicio para plantar y, si todo salía bien, acabaría con la competencia británica y holandesa. El pueblo, llamado 'Fordlandia' en un alarde de originalidad y humildad, pretendía establecer el estilo de vida americano en plena selva. Nos encontramos, seguramente, ante uno de los actos precursores de la "globalización"; en una época en la que ni siquiera el término existía como tal. Una muestra de ambición, en tiempos en el que se empezaban a marcar las pautas consumistas que imperan en nuestra sociedad actual.
Adquirió hectáreas de tierra salvaje como el que compra terrenos para un chalet en una urbanización, sin tener en cuenta que la adecuación a ese lugar no sería como poner nuevas baldosas en su patio. En lugar de lidiar con los típicos vecinos ruidosos lo haría con otros mucho más molestos: la Malaria del 2ºB, la señora Humedad de la casa colindante, un grupo de okupas formado por los trabajadores del caucho que se negaban a las imposiciones de Ford,...el proyecto le supuso millones de pérdidas a la empresa . Ford, acostumbrado a triunfar, vio como su ciudad se veía abocada al fracaso. No pudo luchar contra algo que no se puede comprar: el clima y las condiciones del lugar, su seña de identidad. 'Fordlandia' sigue ahí. Un pueblo fantasma, símbolo de que los elementos son infranqueables, por mucho empeño y dinero que pongas. Lo salvaje no se adiestra, los instintos no se calman sino que se sacian, la esencia permanece no se prostituye por dinero y la identidad es un bastión, el bien más preciado. 


Jóhan Jóhannsson, uno de los músicos islandeses más estimulantes (con piezas como 'The sun´s gone dim', 'Odi et amo',...), se apropio de esta historia, captando su esencia, como inspiración para su disco 'Fordlandia' (2008).